17 jun. 2010

Cierta Historia de Amor

Llevaba meses preparándome para la proyección astral, aprendí a controlar mi respiración, a acelerar mi pulso cardiaco, a comer saludable y hacer ejercicios, meditaba y ponía mi mente en blanco, podía pasar horas en frente de la llama de una vela sin importar el mundo a mi alrededor, me concentraba tanto y podía escuchar mi propio corazón, las personas me advertían del riesgo de hacer estas hazañas mas sin embargo las hice, tenía un solo propósito en mi mente y me fue concedido. Cuando el gran día se acerco tenía todo planeado, comí ligero para esa noche y procure aislarme de cualquier ruido, pronto puse en práctica todo lo aprendido y al cabo de una hora estaba flotando sobre mi cuerpo, me pude ver de pies a cabeza y con la debida protección.

Empecé a volar sobre la geografía de la ciudad, en este mundo no existen las distancias o por lo menos no se pueden percibir, vi cosas espeluznantes y también algunas muy agradables, pero ese no era mi objetivo y me puse en marcha.

Fui hasta su habitación y golpee su ventana, al principio parecía no responder, yo seguí intentando hasta que me di cuenta que mi cuerpo traspasaba los muros, ¿que he dicho?, no era mi cuerpo, era mi espíritu, era la más sencilla materia golpeando y entrando, me acerque a su lecho de descanso y aun despierta no advirtió mi presencia, se encontraba con un libro de García Lorca entre las piernas, sollozaba y gemía de tristeza como queriendo pasar inadvertida, tome asiento en un banquillo de mimbre que se hallaba en la esquinilla del cuarto, mis manos fueron directo a mi cabeza espectral y no puede evitar contagiarme de su tristeza, recordemos que era espíritu, era brizna.

Pasaron las horas y yo espere a que se durmiera, en ese momento tome su tersa mano, hermosa como muy pocas, me percate al instante que al tomarla también toma su espíritu, despertó, su espíritu, y en una exclamación imperceptible a la densa materia, me pregunto el porqué de mi visita, no entendía como lo había hecho, ni como llegue hasta allí, no paraba de preguntar de cuestionar lo evidente, es claro que ella nunca estuvo fuera de su cuerpo, cuando recobro la calma le explique todo y la invite a pasear por el mundo astral.

Salimos por el techo como un pareja de gorriones, su mano atada a la mía y una gran sonrisa se dibujaba en su rostro, eso me gusto, no quise preguntar el porqué de su llanto pues le recordaría la tristeza, cuando eres espíritu también eres vulnerable a cualquier sentimiento. La ciudad de noche es mágica, muchos otros espectros salen de noche y se ven revolotear por el cielo estrellado, la tome por la espalda y continuamos volando hacia el parque central, allí pudimos ver una pareja de enamorados que se besaban y en sus espectros se respiraba el amor, las personitas que salen por algo de diversión dispersaban en el ambiente festivo su felicidad, hay quienes desprendían el amargo olor de la soledad ese efecto efímero del alcohol, vimos la ciudad desde un punto de vista diferente como todos deberíamos verla siempre, con los ojos ciegos del espíritu, sintiendo y comprendiendo.

Nos atrajo la dulce música de uno de los bares y allí fuimos a dar, tonadas y sones, la música madre de las artes, calma para nuestros indelebles cuerpos. Recostados en el techo todo parecía un sueño, por lo menos para ella, mi evidente experiencia me permitiría recordar todo lo vivido, en cierto momento en que el tiempo llega y como si nada pasa desapercibido por nuestros sentidos, ella se volteo hacia mi rostro y sus manos tocaron mis labios, yo me quede perplejo e inquieto, ella se sonrió y me beso, así el tiempo mágicamente paso.

El mundo amenazaba con terminar nuestra calma agonía y desprender para siempre los lazos que me ataban a sus manos. Había empezado a olvidar que mis pies mordían la tierra y todo a nuestro alrededor no pasaba de ser luz.

Nos miramos una y mil veces, nos encogimos de los desnudos hombros, miramos el cielo que se deslizaba sobre nuestras cabezas, reímos como locos y cuando advertimos que el mundo existía, nos abrazamos como buscando protección en ese vasto universo oscuro y frio, nos vimos reflejados en las aguas cristalinas de un océano de oro, fundidos en una sola persona, unidos hasta la última vibración, sumidos en la tierra oscilante, en el agua temblorosa, en el aire palpitante, en la materia eterna y caímos como un águila de trueno.

Regresamos bruscamente a nuestros cuerpos y fue inevitable llorar mientras eso ocurría, éramos libres totalmente por única vez y eso me atormentaba demasiado, como hubiese deseado dejar de existir en ese instante para eternizar esos momentos y convertirlos en gloria, el mundo era un segundo plano y nuestros cuerpos solo serian alfileres clavados en la tierra, al final eso somos sencillos e imprescindibles alfileres.

Ella se despidió rozando mi mano derecha mientras se desprendía por el vacio que nuestro cordón de plata provocaba hacia el cuerpo. Sucedió lo más triste de aquella noche, amaneció.

Bueno y aquí me encuentro escribiendo la historia de aquella noche, como se podrá suponer ella no recordó sino episodios de lo vivido, mas sin embargo he podido regresar hasta su ventana y he visto que en sus sueños sonríe, sonríe como nunca.