15 jun. 2010

El niño perdido en la arena observa el nacimiento del hombre nuevo.

La crisálida del hombre era de roca maciza, necesito la ayuda de los transeúntes para evitar morir antes de nacer, se reunieron y entre todos pisotearon el cascaron con un ritmo impresionante, no lograron nada.

El niño se sentó en la arena a contar los 360 grados que el segundero de su reloj paseaba sin preocupación, imagino en el cielo infinito letras de magníficos colores y de aspectos casi humanos las cuales daban la bienvenida al hombre nuevo.

Tantas cosas pasaron por su cabeza aquella primavera, imagino al hombre nuevo vestido de elegantes telas y sombreros terciopelo adornando su cabeza, tomo entre sus minúsculas manos arena de sus pies y la arrojo a los ojos de quienes pisoteaban el casco que servía de prisión.

Se acerco cauteloso y solo basto que la cálida mano del niño acariciara la crisálida para que tremendas vibraciones rompieran la jaula, el destello dejo ciegas las estrellas que danzaban de emoción y el sol se fragmento hasta quedar hecho polvo. La única sobreviviente a tal catástrofe fue la luna quien documento los hechos en piedras volcánicas jamás encontradas hasta ahora por el hombre.

Una mano emergió del cascaron verde opaco y a continuación el cuerpo desnudo de un hombre delgado, no poseía cabello y tampoco vellosidades, era liso como el hielo oscuro como la noche. Yo era un simple espectador hasta entonces, tuve que cerrar mis ojos para entender mejor lo que pasaba y tenía razón, era imposible comprender el nacimiento del nuevo hombre solo tenía que entender que jamás nació, siempre fue niño, siempre estuvo perdido, siempre sentado en la arena a la espera de lo que llamamos destino.

El hombre nuevo y el niño perdido andan de la mano por el cosmos, robando sueños, tomando esperanzas, comiendo desilusiones y siempre bautizados por las lágrimas del mundo que los vio nacer y posiblemente los acogerá en su lecho de muerte.

El hombre nuevo soy yo, un exhumador de paraísos perdidos irredentos e inertes, donde la vegetación, el agua, la selva son cosas del pasado, donde el amor no es más que un simple mito del cual no nos fiamos, por primera vez comprendo lo estúpido que se llega a ser cuando se pretende empezar de nuevo, nunca hubo una segunda oportunidad, nunca nacimos y jamás habremos de morir, tan solo actuaremos, leeremos, pero nunca podremos escribir nuestro propio libro en las páginas de la vida.

Bueno he mentido acerca del hombre nuevo, no soy quien dije ser, en realidad soy el niño triste que se sumerge en la arena movediza, ustedes se preguntaran que pretendo, soy niño o soy hombre, probablemente desconozca una repuesta a esta cuestión pues no quiero pensar que solo existan estas dos posibilidades de ser, mi real y sincera complacencia seria no llegar a ser nadie, no ser comparado con nada, quisiera ser un grito que se pierde en el eco de un cañón desierto, quiero ser un tiro al aire apuntando a las nubes o un beso de trompa en la mano arrojado al vacio.