27 jun. 2010

Mandrágoras para un ataque de melancolía.


Empezando a escribir cosas sencillas,

Me caen a la mente recuerdos clausurados.

Tu lejos de mí y yo lejos de mi,

Marchándonos como los gatos por la noche,

En busca de aventura, buscando lastimarnos,

Y no puedes negar que atendí tu llamado

Cuando fuiste capturada por aquel vecino cascarrabias,

Que sin reparo alguno, sin pensar en mis sentimientos,

Arrojo agua caliente a la cara de este gato viejo y perezoso.

Recordaras como es debido que salimos bien librados

Tras los muros de bareque, estiércol de caballo,

Saltamos como grillos, rápidos como el rayo,

Allí se escondía nuestra guarida, lugar de planes,

Lugar de encuentros casuales,

Que si mal no estoy, no hubo nada de casualidad en aquellos encuentros

Ya que siempre estabas para ti y yo para ti.

Ahora tienes graves ataques de melancolía,

Pues olvidas a diario tomar tu medicamento,

Ese que como siempre,

Llevaba hasta tu cuarto acompañado de un vaso lleno de malos chistes

Jugo de mandrágora en leche caliente, para inducirte los sueños

Pues habías olvidado lo importante que es soñar,

Perdiste tu fe en mis leyendas,

Colgaste del perchero todos mis cuentos, y mis palabras,…

Mis palabras descansan en tu cabecera

Esperando a ser vestidas como pijama sin lavar

¿En donde dejaste los aretes de poemas que tejí para ti?

¿Y aquel collar de rayos de luna, que tan bien combinaba con tu tristeza?

Hey, gatita eso es todo lo que tengo

Construye con mis palabras lo que puedas

Pues a mí no me sirven para nada,

Y no olvides el jugo de mandrágora para tus ataques de melancolía.