17 jun. 2010

Puntos suspensivos (Historia de un amor imposible y homenaje a Van Gogh)


¿Quien dijo que esto iba a ser fácil?

Ayer me sentaba a la mesa de grandes personajes, tomábamos vino, comíamos pan, las personas reían y todo parecía estar bien. Alcé mi losa al fregadero, por alguna razón camine despacio como si tuviera que pensar cada paso que daba, fue triste pues jamás llegue a colocar los platos en su sitio, no me lo permitieron, así que me marche con la frente en alto sin reparar en su disgusto.

Hoy me arrepiento, me siento con opresión profunda en el pecho, no tengo una mesa en la cual posar mi copa, tampoco tengo una copa, no volveré a beber vino, ni a comer pan, ni a reír y a estar bien. Susurre su nombre por largo tiempo y comprendí que la culpa fue mía, no tengo nada que ofrecer, mis únicas pertenencias son inmateriales, no existen acá ni allá, no tengo seguridad de lo que quiero, paso a pensar que soy una causa perdida, un ave sin nido, una florecilla sin sístole ni diástole.

Mañana, lo tengo seguro, me sentiré muerto, me sentiré culpable, tendré ganas de cortarme y enviarte una oreja como Van Gogh, bailare bajo la lluvia y como siempre dibujare una mueca de ironía en mi rostro, mi persona no me preocupa, pero pienso en mis relativos, mi familia y amigos que tendrán que soportar conmigo esta cruz a cuestas, que pena por ellos, pero el tiempo me llevo a pensar que por ti sostendría la quimera de una vela en mis manos sin sentir dolor ni angustia, me equivoque, pues lo difícil de todo esto no son los puntos suspensivos que podremos dibujar a este episodio, el problema será que solamente tendré las fuerzas suficientes para dibujar un punto final.

No te preocupes por mi, sigue tu camino, lo que queda de mi será subastado, como carroña devorado, en cuanto a la pregunta del destino, créelo todo esto se pudo evitar, caminando fui lo que fui, jamás creas en tus sueños son tan traicioneros como poner la esperanza en manos del amor.