11 ene. 2011

Gracias a la vida.



Gracias por desconcertar mi espíritu ante el bramido grave, que calla, el agudo cantar del ruiseñor, por la hermosa ninfa del bosque que espera sentada en el agua mansa que es mi hogar.

Gracias por la apacible voz que constituye mi canto y por los atentos oídos que me escuchan siempre, gracias por los ojos que en mis sueños se aparecen para vigilar que el descanso sea placentero, gracias por los sentidos míos y tuyos, mi boca, sus oídos, tus ojos, gracias por ser.

Gracias a la vida.