7 mar. 2011


Cuento de Hadas y Duendes



Titine es un hada del bosque, de las más bellas que he conocido, la encontré mientras caminaba por las praderas verdes de mi mente, estaba encerrada en un cofre de madera, tenía cerraduras de oro y extraños símbolos en la tapa…

Deambula en mis pensamientos, sumergido por un bosque de lápices y colores, distraído del mundo exterior, retornaba hacia mi casa después de un arduo día de trabajo, a lo lejos se podía oír el rugir de un río misterioso; que según los que cuentos cuentan, no conduce a ninguna parte sino a todas. No seguía senda alguna, por el contrario eran mis pies los que marcaban el camino en aquel bosque inexplorado, sentia el ansia de aquel momento, sentia las ganas de sentarme a descansar ojala para siempre, sentarme en la silla que me heredó mi abuelo y descansar hasta el amanecer, revoloteaba esta idea en mi cabeza cuan mariposa en una margarita, cuando tropecé con un viejo cofre, al golpearlo escuche una tierna vocecita

-¿Hay alguien allí?-

La mente me volvió al cuerpo al oír esta voz, jamás uno se acostumbra a voces ajenas cuando se es un duende, respondí de inmediato sencillamente diciendo

-Si-

Coloque mi oído en el cofre a la espera de una respuesta; lo que oí fue un suplica, un favor,

-Quien seas, ¿podrías liberarme de este cofre?, llevo esperando mucho tiempo, por favor-

No sabía lo que debía hacer, por ese entonces se murmuraba mucho acerca de trampas que los humanos colocaban para atrapar seres mágicos como nosotros, recuerdo las advertencias de mi madre, “cuidado con la cajita tonta y cuidado con las falsas tendencias”, así le llamaba mi madre a la trampa para osos con hojuelas de maíz y a la jaula de barrotes metálicos con monedas de oro como señuelo; los humanos son tan estúpidos, el oro no nos atrae y las hojuelas de maíz… , son deliciosas pero uno puede resistirse, mi dilema era si debía liberar a la criatura de voz preciosa que dentro del cofre yacía y si lo hacía ¿qué sería de mi?, como ya lo mencione la idea del descanso aun me daba vueltas así que en cierto modo lo que pasara conmigo no tendría tanta importancia, decidí liberar a aquella criatura.

-No te preocupes te liberare de todos tus muros y ataduras- respondí

No fue sencillo abrir el cofre, construí con algunas minas de lápices tostadas por los rayos y algunas piedras de caramelo, una palanca que según mis cálculos no requeriría mucha fuerza para abrir la cerradura, no contaba que los símbolos en la tapa actuaban también como escudos, mi plan fallo de esta forma, necesitaba más información así que pregunte;

-disculpa pequeña criaturita, ¿quién te ha apresado en este cofre de madera?, y ¿que son estos extraños símbolos?-

La respuesta tardo un poco, al fin ella respondió

-Soy un hada mística, nací en el equinoccio vernal, soy fruto de la primera gota de roció que emergió del pétalo de una orquídea, caminaba por este bosque hablando con mis arboles y leyéndoles historias, como corresponde a mi trabajo, cuando de repente una sombra, sin nada que la proyectase me cubrió la cabecita y entré en sueño profundo, lo último que recuerdo fue despertar en este cofre, en cuanto a los símbolos, no sé de qué me estás hablando, quizá la sombra fue quien los hizo así lo escuche-

Confieso que su trabajo me pareció interesante, eso me entusiasmo más a descifrar esos símbolos y a liberarla para saber un poco mas de ella, recordé en el instante a la perfección el día en que un troll irrumpió en mi aldea, para ese entonces yo era tan solo un chiquillo y mi abuelo era un formidable guerrero, recuerdo que vencieron al troll derramando sobre sus ojos leche de mandrágora, el troll se hecho sobre su panza a llorar inclementemente, mi abuelo lo apreso en una jaula de Teca y ébano, en la cerradura de la jaula inscribieron unos símbolos que no tuvieron importancia para mí sino hasta el momento en que vinieron a mi mente, comprendí el significado de un sello mágico.

Aquellos símbolos del cofre eran muy parecidos a los de la cerradura del troll, no sabía su significado pero recordaba muy bien como fueron hechos, intente repetir el proceso sobre los del cofre para ver que resultaba. Tome una hierbas amargas que conocía por allí y mezclándolas con algo de mi saliva en la mano derecha hice una masa parecida al adobo que mi madre adicionaba al bogavante, repise los símbolos pero al revés; comenzaron a brillar

-No es suficiente debes recitar un poema mientras repasas los sellos- murmuro el hadita dentro del cofre – así fue como aquella sombra siniestra lo hizo-

¿Poema?, no conozco ninguno, había odio de fabulas, anécdotas e historias pero jamás de poemas, ¿que se supone que debería hacer?, pensé durante largo tiempo, hasta que al fin se me ocurrió una idea, compuse mi propio poema, algo de idea tenia y el entusiasmo de mi corazón serian suficiente para hacer uno.

Preciosos son los pétalos

De los que emergen la hadas

Preciosos son los labios

Que besan en el alma

Fue suficiente, el sello de símbolos se reventó dejando una estela de polvo brillante en el aire, me aleje a prisa por temor a lo que del cofre emergiera, me oculte tras un tronco y la espera me derretía la paciencia.

Lo que vi con mis ojos no tiene descripción alguna en la tierra de los hombres, no exagero cuando digo que ella es el hada más preciosa que jamás he visto, salió del cofre, miró alrededor, pienso que me buscaba, mas yo no me encontraba.

Se sentó sobre el cofre que la aprisionaba, doblego sus alitas y se cubrió el rostro con las manos, caminé muy despacio hacia ella, las hojas secas crujían muy suavemente, se encontraba de espaldas y volteo lentamente cuando puse mi mano sobre su hombro, al verla sentí una enorme alegría pues sus ojos reflejaban la esperanza que se agotaba al sentirse aprisionada, aun así quedaba un poco de ella, suficiente para continuar, me impresiono su sonrisa dibujada en el instante en que nos vimos de frente, era como un amanecer de esos que ya no se ven pero que imaginamos porque queremos verlo, le pregunte su nombre y ella me respondió diciendo.

-Titine-

-Soy Phoibos- le dije

Caminamos hasta mi casa, hablamos durante mucho tiempo, la vaga idea del descanso se desvanecía a cada palabra que ella susurraba en mis oídos.

Titine es un hada del bosque, de las más bellas que he conocido… , su danza despierta el sol y arrulla a la luna al ritmo enérgico de un bambuco, sus mejillas brillan en la oscuridad, en sus ojos resurgen los sueños de los arboles, en sus manos se encuentran las más tiernas caricias que las flores aclaman como niñas pequeñas, consentidas, en su sonrisa se refleja mi felicidad, ella encanta con su risa las luciérnagas que a la luz de la hoguera llegan para adquirir abrigo cuando la luna perezosa empieza a menguar.

Supongo que ella pensaba constantemente lo que a continuación seguiría, un duende y un hada cuidaran juntos un bosque de lápices y colores, hasta el día en que los humanos salgan de su letargo. Así fue, así será, porque así quisieron de fuera, un cuento de hadas y duendes con un final feliz.