14 jul. 2011

El amor en una cinta de Moebius


El amor en una cinte de Moebius

Relato original de Pacelli Torres


La dama misteriosa solía salir en las mañanas vestida de niebla y vagaba por los campos en busca de telarañas abandonadas de donde, en las gotas de rocío que quedaban allí suspendidas, extraía la tinta transparente con la que escribía sus poemas sobre los pétalos de las flores.


Una mañana de Mayo, mientras vagaba por los campos aledaños a un molino abandonado, escribió sobre una rosa un poema acerca de un principe aventurero a quien ya no pudo olvidar. Desde entonces permaneció cerca al rosal a la espera de la llegada de su amado.


Sin darse cuenta, los elementos y la tristeza la fueron consumiendo. El sol y la brisa dispersaron la niebla y la dama misteriosa se desvaneció con ella. Sólo perduró su esencia en forma de las lágrimas derramadas sobre una telaraña.


Abajo, una comunidad de seres diminutos espera que una de esas gotas se desprenda de la telaraña y forme un diluvio que que impulse su flota de barcos. En una de esas naves ha de viajar el capitán Sabec quien ha esperado por mil años las condiciones propicias para emprender su gran conquista. Invadirá el reino cercano de Garip y tal vez consiga apoderarse del diamante de Bertel, que perteneciera a su abuelo y que según se dice tiene propiedades mágicas.


En su bola de cristal, no muy lejos de allí, una vieja bruja ve el futuro y lo susurra a mi oído a través del espacio interdimensional.


El capitán, en efecto, conquistará el reino vecino, pero buscará en vano aquella elusiva joya. En su lugar encontrará en una pequeña cámara del castillo a una joven prisionera que en silencio contempla los campos lejanos.


Sabec ha de huir con ella y regresará a su reino y le hará su esposa y le proclamará reina. Y ella, en las mañanas de niebla, vagará por los campos en busca de gotas de rocío sobre una telaraña para usarlas como tinta y escribir que su sueño se ha cumplido.


Pacelli, Julio 14 de 2011