15 jul. 2011

La danza de las aves



La danza de las aves
Relato original de Pacelli Torres

El águila desplegó sus alas y se lanzó al aire. Con precisos movimientos de su cabeza y ayudada de su aguda vista inspeccionaba los campos. No buscaba presas, simplemente hacía una evaluación. Abajo, en la tierra, roedores y alimañas reñían entre sí por pequeños bocados sin sospechar siquiera que estaban siendo observados.
Dos criaturas en particular llamaron la atención del ave de presa, se trataba de una musaraña de hirsuto pelo café que halaba un trozo de carne casi podrida que una gran rata gris luchaba por engullir.
A los ojos de un filósofo que leía en un banco del parque y que levantó la vista justamente en ese momento, el espectáculo pareció ligeramente diferente. Un elegante abogado con traje café e impecable peinado reñía con un obrero de overol gris por el pago de unas comisiones y otros términos legales que el filósofo no entendió o no quiso entender. Fijando de nuevo los ojos en el libro, aunque alterado por el alto tono de la disputa, hizo un esfuerzo por concentrarse de nuevo en su lectura.
Allí leyó como el águila dio un giro y describió un gran semicirculo en el cielo para finalmente posarse en una cumbre escarpada donde se hallaba el buitre. Dialogaron amablemente en el lenguaje secreto de las aves y luego emprendieron el vuelo. El águila trazó un arco y se dirigió al este. El buitre, por su parte, se lanzó en picada hasta el lugar donde las criaturas reñían por el bocado y con gran determinación arrancó el objeto de la riña de sus fauces y garras y se posó en un árbol cercano a engullirlo sin prisa.
Al leer esto, el filósofo rápidamente levantó la vista y fijó su atención en los hombres que reñían. Y en efecto, pudo distinguir claramente cómo el estrés generado por la disputa se extendía por el cuerpo de los dos hombres robando su vitalidad. Lentamente carcomía su calma, confundía sus ideas y manchaba sus epiritus. Y todo por el simple afán de unas cuantas monedas.

Pacelli, julio 15 2011