23 jul. 2012

Causa y Efecto - Relato original de David L. Parra Ortiz



-Málaga, es el centro de universo-, me decía un viejo amigo pintor llamado Samuel, mientras su dedo índice  desplazaba sus anteojos reacomodándolos en la nariz, luego su mano acariciaban levemente los pelos del bigote poco poblado de su boca, terminaba quitándose la gorra y rascándose la corona de la cabeza. Estas palabras quedaron sonando en mi cabeza y camino a casa de mis abuelos, recordé que el imaginario del que estaba hablando Samuel, debería comportarse según la ley de la causa y efecto...

-Mija, Minervita, mi amor, con la plática ahorrada, ¡mañana mismo! me compro unos métricos de arena pa’ empañetar el frente- le decía el maestro de obra a su mujer mientras sus manos callosas rozaban las rosadas mejillas de la señora, que con ojos azabache y apretando fuertemente su delantal, contemplaba con cariño los azules ojos de su marido.
Al día siguiente, una volqueta Ford se encontraba dando reversa, lista para descargar los tres metros de arena negra, en frente de su casa. En ese mismo momento un bus intermunicipal, con dos chivos, unos pollos y una carga de panela amarradas en la parrilla, se encontraba atascado ante un inmenso derrumbe de arena en la vía Molagavita - Málaga. 
– ¡Pero qué paso mano!, si últimamente la lluvia ha mermado arto, yo no me explico porque se vino la montaña así de jeroz- comentaba el ayudante al conductor. 
-¡Miguel, Miguel Salga a jugar!- gritaba Carlitos, el vecinito de la tienda a Miguelito, el hijo del maestro, -Mire que me pelaron como cuatro maras en la escuela- reprochaba su mala suerte Miguelito. 
-Pues entonces juguemos con el trompo- retaba a manera de consuelo su amiguito. 
Fueron 16 vueltas de pita las que necesito ese trompo tatareto de madera para que lo pusieran a rumbar. En ese mismo momento en el departamento de investigaciones de ciencias climáticas de la universidad de Pensilvania, un grupo de investigadores lograron medir la tasa de cambio de inclinación del eje de la tierra con una increíble exactitud. El reporte en uno de sus párrafos decía -Nuestro descubrimiento es desconcertante, los resultados muestran que cada 16 giros de la tierra en su propio eje y cada 16 más alrededor del sol, su inclinación disminuye en 1,00054 grados-.

-¡Mireya, míreme la leche que está en el fogón mientras salgo a la esquina a comprar unas cebollas pal’ almuerzo!-  gritaba doña Antonia a la joven Mireya, quien estaba concentrada en un capítulo de su telenovela preferida, las palabras de su madre habían pasado desapercibidas. El fogón ardía con su llama más alta y la leche comenzaba a hervir mostrando su típica espuma blanca y pura, mientras tanto, en la telenovela, el protagonista se proponía besar a su amante con el riesgo de ser descubierto por su mujer, en el momento justo en que lo hizo, un olor profundo a quemado salió de la cocina acompañado de un ruido, naturalmente, de leche hirviendo. 
-Mi mamá me va a matar- decía Mireya mientras limpiaba la fogonera con un trapo. 
A varios kilómetros de distancia en las islas paradisiacas de Hawái, el volcán Manua Loa hacía erupción inesperadamente mientras que en el puesto de observación los encargados de vigilar el comportamiento del volcán se encontraban entretenidos en la misma telenovela que Mireya estaba observando. 

-Se le paso la mano con el blanco titanio, mire que esa vaina le quedo como un remolino-, acotaba el maestro pintor Hugo Moreno a su pupilo, Fabiancito, que con el pincel afanosamente, retiraba haciendo círculos, el exceso de oleo que manchaba el ojo de una mujer en una pintura para exhibir en las ferias y fiestas de Málaga. 
En ese mismo momento en las costas de Estados Unidos, la diferencia de densidades que ocasionan la evaporación gradual de los océanos y el aire frio que circundaba la atmosfera kilómetros más arriba, provocaban un brusco fenómeno conocido como huracán, afortunadamente para todos, el huracán se desvaneció, en el mismo momento en que el maestro Hugo le decía a Fabiancito -Esa vaina, ahora sí parece un ojo-.

Todo esto lo pude ver en los remolinos de una taza de chocolatico caliente con trocitos de cuajada flotando y sin explicarme porque mi abuelita me decía – Ya ve mijito, si hay algo que en verdad le despierte a uno el alma, ese es el cacaito-

Relato dedicado a las personas humildes y trabajadoras de mi Colombia. A los campesinos e indígenas de mi país. A mis bisabuelos José A. Manrique (QEPD) y Flor Evelia Vargas (QEPD), humildes campesinos de la vereda Buenavista de Málaga, sus buenas costumbres, siempre las llevare presente.