28 sept. 2013

Mi Casa


Esta es la casa de mis abuelos, fué construida por allá en 1969, en los tiempos en que los hombres construían sus propios destinos y apenas se empezaban a formar los barrios. Por aquel tiempo, el pedacito de tierra donde está la casa, le costó a mi abuelo 8.000 pesos, esto fue, cuando apenas se casó con mi abuela y vivían arrendados en la casa de al lado por 2 pesos con 50 centavos.

Allí crecieron mis seis tíos y mi madre, incluso, yo alcance a dar lata por ahí. Siendo las primeras casas del barrio Simón Bolívar, esta  fue testigo de cómo la carretera paso de ser trocha en arena a cubrirse muy lentamente de asfalto,  también presenció las buenas costumbres en desuso entre vecinos de celebrar la navidad con tremendos banquetes y fiestas que se extendían hasta el 25,  aquí se presenció el surgimiento del colegio Custodio y fue gracias a este hecho que mi abuelo es una de las personas más recordadas de Málaga, pues también fueron sus manos las que ayudaron a pegar ladrillos y trazar cañerías, para ver, lo que hoy en día es uno de los colegios más grandes del pueblo, también, fue gracias a este hecho que mi abuela comenzó a hacer sus tan conocidas empanadas. Harina de trigo, huevos, agua, polvo de hornear, sal, azúcar, arroz con carne o guiso de arveja y mucho amor, estos fueron los ingredientes con los que mis tíos y mi madre obtuvieron sus títulos universitarios y con los que mi familia ha salido adelante, lo digo con orgullo, pues mi abuela tiene un trabajo honesto y humilde, que apenas le da para vivir con lo necesario y ser feliz, en contraste a todo aquello que perseguimos, el falso oropel.

Estoy completamente seguro, que esta casa no siempre fue así.  Similar a un árbol, esta tuvo que regarse con el paso de las décadas, para verla crecer y asentarse en sus cimientos, con el sudor de la frente de mis abuelos, por fin hoy es lo que vemos. Pero yendo más allá, esta casa y mis abuelos me hacen reflexionar, “que todo tiempo pasado fue mejor”, es algo que no puedo aseverar con certeza,  pero desde la ciudad siento que no he estado en lugar más tranquilo que ese, un lugar donde mis recuerdos de infancia se tornan tecnicolor y el espíritu de los años de lucha se ven reflejados en los claros ojos de mis abuelos para hacerme decir con todo mi corazón lo mucho que los admiro.